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REGULACIÓN, AUTORREGULACIÓN Y CORREGULACIÓN DE LA ÉTICA EN LA COMUNICACIÓN.
Comparando estas tres vías, se puede llegar a la conclusión de que la mejor forma para regular una ética en la profesiones relacionadas con la comunicación audiovisual es la co-regulación, ya que el ámbito de la comunicación tiene un fuerte componente social, es decir, en un código ético para la profesión no se puede dejar de lado la opinión de la sociedad sobre el tema, ya que la sociedad se ve directamente implicada en las decisiones que tomes como profesional.
Intentando observar el tema de un modo objetivo, considerar la autorregulación elegida por los profesionales del medio como ética de la profesión, es dejar fuera de juego a la sociedad, las principales teorías para defender este modo de llegar una ética en la comunicación, dicen que la sociedad no puede juzgar la comunicación ya que no sabe como es tu trabajo (es la principal baza para dejarse gobernar por un código ético autorregulado). Pero este modo de pensar se puede extrapolar a todos los ámbitos de la vida (¿por qué un gobierno me tiene que dictar unas leyes y decidir sobre que es un acto es ético o legal si quien ha decidido esas leyes no sabe como es mi vida, ni mi forma de pensar, ni mi entorno?), por lo que pierde validez en el entorno de la sociedad en la que actúan los medios. Al igual que no se puede adoptar una regulación hecha por la sociedad (leyes hechas por el estado) sin contar con la opinión de los profesionales, ya que la sociedad desconoce la amplitud moral que abarca el ejercicio de la profesión. Por todo esto, si respetas el sistema en el que funciona la sociedad, llegas a la conclusión de que la co-regulación es el mejor formato para crear una ética de valores a la hora de ejercer la comunicación social dentro del sistema. Esto observándolo siempre desde un punto de vista objetivo. Pero la objetividad absoluta no existe y el mundo está cambiando.
Entre los profesionales se ha generado una corriente crítica respecto a la adopción de códigos. Consideran que se trata de un mecanismo más que inútil, ya que formulan normas demasiado generales, subrayando lo obvio y sin ofrecer grandes aclaraciones a la hora de tomar decisiones sobre determinados asuntos que revisten gran complejidad. Algunos profesionales reiteran el carácter negativo de muchas de estas normas, que especifícan que no debe hacerse y definen los límites de lo permitido en la profesión, en vez de identificar modelos o prioridades éticas. Otros sostienen que las reglas de comportamiento profesional son válidas sólo para los profesionales que las redactaron y aprobaron expresamente: al resto no se les puede imponer su cumplimiento. Argumentan que la conciencia moral personal y las leyes vigentes bastan para orientar a los profesionales y empresas de comunicación, es decir, apuestan por una co-regulación entre las leyes vigentes referidas a la profesión y tu código ético personal. Tampoco faltan voces en contra de los códigos éticos considerándolos una forma de perder libertad de expresión, una forma indirecta de censura, de preservar determinados intereses políticos y controlar periodistas y profesionales del medio (1).
Estos diferentes modos de buscar una ética es el modo en el que se ha ido actuando durante el siglo XX, sobre medios de comunicación que son empresas privadas a favor de unas ideas políticas muy definidas, las cuales en realidad no se preocupan por las personas, sino por el sistema y de que este siga funcionando tal y como está, que sus instituciones, estados y sistema económico no cambie. Los medios no trabajan para lo sociedad formada por individuos, funcionan para la perpetuación de un sistema que en estos últimos años está fallando, que ya no sirve en el mundo que vivimos, un sistema que desvaloriza al individuo de a pie para que unos pocos vivamos bien. Los medios guían tus pensamientos, las cosas por las que te preocupas, nunca te dejan pensar en el cambio, solo instauran miedo y división entre las personas, ya que los medios de comunicación son la mayor potencia para la perpetuación del sistema.
Pero a medida que vamos avanzando en está revolución tecnológica que estamos viviendo, y gracias a Internet, nos vamos dando cuenta que el mundo está cambiando, y no se pueden aplicar estas tres formas de regular un código ético, ya que estás formas y conclusiones están basadas en un mundo en el que todo el sistema moral y de regulación parece haberse resuelto en términos de Nación y territorio local, bajo el control de los estados. Este era el mundo del siglo XX. En el siglo XXI vivimos en un mundo que se ha hecho más pequeño, cada acto tiene consecuencias de manera global e internacional por lo que no podemos estar sujetos a una ética profesional ni siquiera realizada a través de nuestra propia forma de ver las cosas, hay que tener en cuenta todas las culturas, pueblos y personas, teniendo en cuenta que todos somos diferentes (por mucho que nos quieran inculcar la igualdad), cada persona es un mundo y si creas un código ético estas forzando al profesional a ser de una manera que no es. Hay que llegar a una ética basada el respeto a lo diferente e huir del miedo al cambio, sabiendo que es normal que la gente no piense lo mismo que tú, luchar contra la injusticia, por que el mundo puede girar y cambiar hasta que el que sufra la injusticia seas tú, y entonces será demasiado tarde para que te importe. ¨ La ética de la comunicación en el siglo XXI tiene que partir del diálogo, de la aceptación de la libertad de otros, sin universales absolutos, el imperativo categórico debe ser: sé libre ¨ (Rafael Capurro, Universidad Autónoma de Barcelona).
Estamos viviendo una época de crisis en la que viene implícita (casi lo exige la situación) un cambio de valores. Es un momento en el que la ética de la comunicación tiene que tomar distancia crítica con respecto a la agenda comunicativa de la sociedad y de la política. La finalidad como profesional de la comunicación ha de ser encontrar una ética propia y personal a favor de la mejora de la humanidad, esto implica buscar otra manera diferente a la regulación impuesta por el estado, diferente a una autorregulación hecha por los profesionales, ya que sería instaurar las formas de ver las cosas al resto de profesionales sin contar con ellos. Y por supuesto quitarle validez a la co-regulación ya que es la simbiosis entre las dos anteriores, en ninguna de estas tres vías se tiene en cuenta al ser humano como individuo y eso, debería ser lo más importante a la hora de ejercer la profesión. Esto es un mundo de individuos, todos diferentes, todos importantes y hay que conseguir que podamos vivir todos juntos y en paz.

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